El síndrome del trabajo a desgano

La fatiga crónica ya se identifica en el exterior como causa de invalidez permanente

Por Jorge Mosqueira

Una señora de la ciudad de Lérida, España, recibirá una pensión de 1811 euros por padecer de fatiga crónica. Así lo ha resuelto el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, considerando su situación como una dolencia que causa invalidez permanente. Los síntomas suelen ser tristeza, dolor generalizado, apatía, insomnio y otras manifestaciones que impiden que la persona pueda desarrollar actividades normalmente.

Según las propias palabras de la beneficiada, Carmen Tello, de 55 años, no tiene “aliciente de nada”. Y agrega: “La gente no sabe lo que es esta enfermedad, pero lo que me pasa a mí le está pasando a mucha gente”.

La fatiga crónica suele confundírsele con una gripe prolongada y se detecta más precisamente cuando los síntomas superan los seis meses. También se la asocia con depresiones profundas, de origen psíquico, o fibromialgias, surgidas de causas fisiológicas aún no develadas. La perspectiva médica es cuestión de especialistas, ya que el tema se encuentra en estudio y debate. Lo que puede ser de interés para esta columna es la determinación de un tribunal al considerar la situación de Carmen Tello como un impedimento para trabajar.

Es inevitable relacionar este fallo con la obra teatral de Ricardo Talesnik, estrenada allá por los años 60 y luego convertida en una versión fílmica y un musical. Se llama La fiaca, un término que es fácilmente comprendido por quienes habitamos esta región del Cono Sur. El protagonista, de un día para el otro, decide quedarse en la cama por la sencilla razón que le ha dado fiaca y se niega ir al trabajo. Aquí radica el mayor escándalo. Una actitud de este tipo sabotea y daña seriamente todo el sistema productivo que se basa, fundamentalmente, en que las personas que tienen trabajo y no puedan ser reemplazadas por máquinas, vayan y hagan lo que tienen que hacer.

La identificación de la fatiga crónica como enfermedad es, ciertamente, un ingrediente recién llegado a las relaciones laborales, impensable en los años en los que Talesnik escribió su obra de teatro. Así como los alcohólicos dejaron de ser considerados personas viciosas e indeseables pasando a ser víctimas de un mal, tal vez en un futuro se reconozca la imposibilidad de hacer un trabajo por razones avaladas por las ciencias médicas. Sería una verdadera revolución.

Saliendo del terreno puramente patológico pueden encontrarse síntomas de igual tenor en una gran cantidad de trabajadores. No estamos aquí en el terreno de la enfermedad, sino en las circunstancias que verdaderamente pueden ser remediadas sin realizar consultas médicas. La vieja y repetida fórmula para indagar las dificultades que puede tener una persona en cumplir con sus tareas, vale aquí para detectar por qué se encuentra por debajo del nivel requerido.

En general hay tres causas posibles: porque no sabe, porque no puede o porque no quiere. La primera causa se soluciona con la capacitación necesaria. Las otras dos son más complejas. Si no puede es porque la tarea está fuera de sus posibilidades. Si no quiere hay factores perjudiciales en la empresa que le impiden apreciar y valorar su hacer. Aquí es donde hay que intervenir, revisando la organización del trabajo, porque tarde o temprano aparecerán aquellos síntomas de la fatiga crónica: un profundo desgano e interés que se agrava con el tiempo.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1384502-el-sindrome-del-trabajo-a-desgano