Baila lento

¿Alguna vez has visto a los niños jugando? ¿O escuchado el chisporroteo de la lluvia en el suelo? ¿Alguna vez has seguido a una mariposa en su errático
vuelo? ¿U observado al sol desvaneciéndose en la noche?

Mejor detente… No bailes tan deprisa, el tiempo es corto… la música no durará.

¿Pasas cada día en el vuelo? Cuando preguntas: “¿Quién eres?”, ¿Escuchas la respuesta?. Cuándo el día acaba, ¿te recuestas en tu cama con los siguientes cien coros corriendo por tu cabeza?.

Mejor detente… No bailes tan deprisa, el tiempo es corto, la música no durará.

¿Alguna vez le has dicho a tu niño: “lo haremos mañana” y en tu apatía, no ves su tristeza ?

¿Alguna vez has perdido el tacto, dejado a algún buen amigo morir porque jamás tuviste tiempo para llamar y decir, “¡Hola!”?.

Mejor detente… no bailes tan deprisa, el tiempo es corto, la música no durará.

Cuando corres demasiado rápido, para llegar a alguna parte, te pierdes la mitad de la diversión de llegar ahí. Cuando te preocupas y te apuras durante el día, es como un regalo sin abrir… tirado a la basura… la vida no es una carrera, se toma un poco más lentamente, escucha la música antes de que la canción termine.

La gran paradoja de la vida: entre más das más recibes ¿Sabía usted que puede producir sus propias drogas, sin tener que sembrar amapolas o marihuana o comprar cocaína? El cerebro, movido por las emociones, produce sustancias químicas que hacen que la persona eleve su autoestima, experimente una sensación de euforia, se sienta animada, alegre y vigorosa sin necesidad de tomar, inyectarse o fumar nada. Estas sustancias que produce el cerebro, denominadas hormonas endógenas (ya que se producen en la corteza cerebral) bien podrían llamarse “drogas de la felicidad”.

Algunas de ellas son:
La oxitocina, que se produce cuando existe un amor pasional y se relaciona con la vida sexual. La dopamina, que es la droga del amor y la ternura. La
finilananina, que genera entusiasmo y amor por la vida. La endorfina, que es un trasmisor de energía y equilibra las emociones, el sentimiento de plenitud y el de depresión. La pinefrina, que es un estímulo para el desafío de la realización de metas.

Si hay abundancia de estas hormonas endógenas, hay inteligencia emocional e interpersonal. La persona se siente ubicada, sabe quién es, a dónde va, tiene el control sobre sus emociones, conoce sus habilidades y sus talentos, y se siente dueña de sí misma. ¿Cuándo y cómo se crean estas drogas internas?
A la madre Teresa de Calcuta se le realizó un análisis bioquímico de su sangre.
Mediante él, se demostró que era una persona altamente dopamínica. Es decir, plena y feliz. ¿Cómo se desarrolla esta condición? A través del servicio a los demás.
¡Qué sencillo y comprometedor era el secreto de la felicidad de la Madre Teresa!
Se han realizado descubrimientos como estos: Una mujer, cuando va a dar a luz, se vuelve altamente dopamínica; es decir, genera una cantidad enorme de
dopamina (la droga del amor y la ternura). Cuando estamos enamorados, la dopamina aumenta 7000 veces su cantidad, acompañada de la oxitocina, responsable de la pasión sexual y de las fenilananinas, responsables del entusiasmo, bloqueando el aspecto de la lógica y la razón. En los recién casados, se produce gran cantidad de oxitocina, que es responsable del amor pasional.

Por eso ellos irradian felicidad, se sienten plenos, alegres y motivados.
Como vemos, la felicidad no es algo vago e impreciso, ni una sensación nebulosa o inconcreta: es el efecto de un flujo correcto de sustancias químicas que proporcionan al ser humano su equilibrio físico y psíquico.

Así la felicidad se puede incrementar por medio de las siguiente actitudes o actividades, todas productoras de estas “drogas” internas:

Amar y disfrutar apasionadamente lo que hacemos. Tener relaciones con personas que nos motiven y enriquezcan nuestra fuerza vital. Tener una autoestima
positiva y un sentido del valor personal. Trabajar y lograr pequeñas o grandes metas. Descansar y dormir profundamente. Manejar adecuadamente el estrés.

Hacer ejercicios regularmente: “mente sana en cuerpo sano”. Recordar los momentos felices en nuestra vida, ya que en esos momentos la mente no distingue
entre lo real y lo imaginario.

El secreto está dentro de nosotros. Sentirnos felices es una cuestión de actitud hacia la vida: las drogas de la felicidad no se consiguen en el exterior, sino que son creadas mediante una vida llena de amor, entrega, optimismo, ejercicio, satisfacción personal para el logro de metas propias, y devoción por lo que se hace.