A dónde van las palabras que no se quedaron; a dónde van las miradas que un día partieron. Acaso flotan eternas, como prisioneras de un ventarrón, o se acurrucan entre las hendijas, buscando calor. Y a dónde van. En que estaran convertidos mis viejos zapatos: a dónde fueron a dar tantas hojas de un arbol; por donde estan las angustias que desde tus ojos saltaron por mí; a dónde fueron mis palabras sucias de sangre de abril; a dónde van ahora mismo estos cuerpos que no puedo nunca dejar de alumbrar. Acaso nunca vuelven a hacer algo, acaso se van. Y a dónde van. A dónde va lo común, lo de todos los días; el descalzarze en la puerta, la mano amiga; a dónde va la sorpresa casi cotidiana del atardecer; a dónde va el mantel de la mesa, el café de ayer. a dónde van los pequeños terribles encantos que tiene el hogar. Acaso nunca vuelven a ser algo, Acaso se van. ý a dónde van.
Silvio Rodriguez.
