En 1906, Eduardo Lanús compró una vieja casa en San Martín y Nogoyá, y contrató a tres obreros para que la demolieran, pues planeaba construir allí una nueva vivienda. Los hombres trabajaron un tiempo, hasta que desaparecieron sin dejar rastro. Dejaron en el terreno un gran pozo abierto, de manera tan especial que se presumía que habían encontrado un tesoro. Lanús hizo la denuncia policial a la espera de que le devolvieran “su tesoro”, pero nunca se obtuvo noticia alguna de los obreros.
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