Pocos saben que además del dulce de leche, el colectivo o la birome, el bastón blanco que utilizan los ciegos también es un invento argentino. El 22 de junio de 1931 José Mario Fallótico se disponía a cruzar la calle en la esquina de Rivadavia y Medrano, Almagro, cuando observó a un hombre parado en medio de la calzada, desconcertado y algo perdido. Solo al acercarse para ayudarlo comprendió que se trataba de un ciego, ya que nada lo identificaba como tal. Una vez que alcanzaron a salvo la vereda y que el hombre se presentara como Fidel, Fallótico le dijo: “Creo que volveré a servirle a usted muchas veces, aunque no esté a su lado; a usted y a todos los que se encuentren en su condición. Se me ha ocurrido una idea”. Fallótico se dirigió a la Biblioteca Argentina para Ciegos y pidió hablar con su presidente, el oftalmólogo Agustín Rebuffo, a quien le expuso su idea, que fue aprobada y puesta en práctica de inmediato. El inventor regresó a su casa, buscó un viejo bastón, lo pintó de blanco y se lo obsequió a Fidel. En tanto, la institución comenzó a difundir el sistema y la distribución de bastones entre los ciegos que concurrían a la biblioteca. Poco a poco el sistema fue conocido y usado en todo el mundo.