Milanesa a la Nápoli

Hace años, al finalizar las veladas de boxeo del Luna Park, el público cruzaba a cenar al restaurante Nápoli, por el apellido de don José, propietario del local. Un viejo cliente de Don José pedía siempre milanesas. Una noche llegó más tarde de lo acostumbrado, cuando la cocina ya había cerrado. Pidió como de costumbre su milanesa, quedaba solo una, y para peor el ayudante la cocinó de más. “¿Cómo le voy a dar esa milanesa a uno de mis mejores clientes?”, pensó don José. Recordó entonces una receta italiana, la “costeleta a la baldostana”, que es una milanesa recubierta con jamón y queso. Le agregó salsa de tomate para disimular la parte chamuscada, y la gratinó. Le dijo al cliente que había creado un nuevo plato, y quería que lo probara. Desde entonces el cliente siguió pidiendo milanesas, pero preparadas como la última vez. Por su parte don José agregó “Milanesa a la Nápoli” al menú de su restaurante, tal el nombre del plato, y no “a la napolitana”, como se lo conoce popularmente.